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Crudo y Plata
Crudo y Plata
De Lonjas y Cuchillos Por Daniel Gómez
 

Vicente Casares, 15 de junio de 1996

- "¡Ave María Purísima!"
- "Sin pecado concebida..." respondí de inmediato al saludo acostumbrado. Un vecino había venido a avisarme que en lo del domador había muerto una yegua y si quería aprovechar las "lonjas" que fuera a cuerear nomás pero le sacara las "botas" para él. Aclaramos que "las botas" (de potro) son los trozos de cuero de patas traseras que van desde jamón hacia el vaso y que se deben extraer en "bolsa" como si fuesen un tuvo. Estas, una vez sobadas, sirven de calzado para el domador. Pueden tener un extremo abierto, (como se usaban antiguamente, para estribar entre los dedos del pie con un botón "pampa" en el extremo de la lonja que oficiaba de estribera) o bien cerrado con una costura del lado interno.

Sin pérdida de tiempo, le pegué una asentada a la cuchilla de cuerear con una costilla de vaca que uso para tal fin (no es muy dura ni muy blanda y acomoda muy bien el filo), y partí.

¡A CUEREAR SE HA DICHO!

Una vez en lo del domador, procedí de la siguiente manera:
1º corté un correón desde el hocico hasta el marlo de la cola, lo más parejo posible y el ancho del tuse.
2º otro desde la carretilla hasta el anca pasando por la tabla del cogote, siendo éste el más largo y de ancho regular (25 a 30 cm.)
3º siguiendo hacia abajo corté una lonja de unos 30 cm. de ancho desde el pecho hasta la verija.
4º luego separé la barriga en un solo pedazo.
5º volteé al animal repitiendo los pasos 2º y 3º.
6º retiré po rúltimo las botas de potro.

Una vez marcadas las lonjas con el filo de la cuchilla, procedí a sacarlas a tirón, operación sencilla cunado el animal tiene pocas horas de muerto. De no ser así salen bien tirándolas "a la cincha" en una arrancada del caballo.

Vale apuntar que el cuero de yeguarizo es el más adecuado para obtener los "tientos"(elementos como finas y largas cintas que se utilizan para las costuras de las prendas gauchas). Pero no es el único, también sirve el de ternero, ciervo, cabra, guanaco y ¡hasta el de lampalagua!.


DE VUELTA AL RANCHO…

Debemos lavar las lonjas muy bien para eliminar la tierra que pudieran tener, y luego las “encalamos” para aflojar el pelo.
Apagamos la cal viva en agua de un día para el otro. En un recipiente grande colocamos las lonjas sumergiéndolas en agua, a la que agregamos la cal apagada en la cantidad necesaria para que blanquee todo el líquido. Este baño puede durar desde un par de días hasta una semana, finalizando cuando el pelo comienza a aflojar.
Sobre una superficie lisa, “a favor del mismo” y con ayuda de un cuchillo no muy filoso o una bolsa de arpillera, quitamos el pelo. Si quedaran zonas “rebeldes” las remojamos un día más (que generalmente es suficiente) para luego terminar de pelar.
Para neutralizar la cal que hubiera quedado adherida, enjuagamos muy bien y sumergimos las lonjas en un balde de 20 litros con agua y medio litro de vinagre blanco (ácido acético), o suero de queso (ácido láctico), de donde se retiran al día siguiente.

Después de enjuagar las lonjas, las estaqueamos bien estiradas, clavándolas con todo su perímetro sobre una tarima o tabla. Para obtener buenos resultados es deseable que los clavos estén cerca unos de otros (4 a 5 cm.)

Una vez secas, a las sombra en verano o al sol o media sombra en invierno (los días de la provincia de Buenos Aires), las desclavamos y cotamos en tiras parejas y luego de un prolijo lijado en su parte posterior (el descarne), las lonjas quedan listas para sacar los tientos.

Es tan noble el caballo que prolongará su existencia en riendas y bozales, trabajando en el campo o jugando al pato, vaya uno a saber por cuantos años, sin pedir más que ser untado con sebo de vez en cuando. ¡Ah! me olvidaba de la crin de la cola que también se puede utilizar en costuras muy finas o para intercalar en retejidos u otros trabajos menos frecuentes que requieren de una gran actividad del “soguero” y ni que hablar de las “vistas”. Hay que aprovechar lo más posible al animal, porque como decía un paisano,”que haya miseria pero que no se note” (y estaba asando el cuis con un fósforo).

PERO… Y SI DE UN CUERO E´ VACA SE TRATA…

A caballo sobre un palo horizontal, elevado a unos dos metros del suelo, el cuero vacuno se había estado oreando para facilitar la tarea. Al grito campero de ¡juira perro!, me saco de encima unos cachorros, que andan cargoseando atraídos por los recortes, mientras, con la cuchilla de cuerear bien afilada, los descarno.

¿Y LA PELADA?

Existen varias formas de quitar el pelo de un cuero vacuno. Los más conocidos son lonjearlo a cuchillo, descutarlo en agua, pelarlo a caña con tierra, o a paleta de oveja con cenizas.

El “lonjeado” que es la forma tradicional, consiste en “afeitar" el cuero lonjeado en la dirección en que va el pelo, desde el remolino de la cruz hacia afuera. Trabajamos con un cuchillo de hoja larga (30 cm. aproximadamente), con el filo muy delgado, como “yilé”, apoyándolo sobre la rodilla, o sobre un caño ayudándonos con un trozo de jabón en las zonas mas dificultosas. Y siempre cuidando de no lastimar con el filo “la flor del cuero”, cosa que, de ocurrir, se notará luego en trabajos terminados.

El pelado a caña con tierra, tarea que me enseñara a realizar mi maestro Don Martín, tiene la complicación de tener que estaquear el cuero a unos 15 cm. del suelo.
Colocamos debajo una tabla que se irá corriendo a medida que avanzamos pelando con una tacuara a contrapelo, desde los bordes hasta el remolino de la cruz, espolvoreando simultáneamente y en cantidad regular sobre el pelo, tierra muy fina y seca.
Esta técnica es muy laboriosa, pero tiene la ventaja de quitar el pelo entero, sin que queden los “troncos” que siempre hacen desprolijo un trabajo “fino” como es hacer una vaina de cuchillo o un cinto.

Otra variante, difundida por ser menos trabajosa, consiste en descutar en agua, para lo cual hay que sumergir el cuero en agua por unos días. En vez de utilizar un recipiente es ideal contar con un curso de agua corriente para echar el cuero atado.

Allí queda hasta que al tirar del pelo con los dedos se arranca con facilidad. Entonces, al igual que con el cuero de yeguarizo lo ponemos sobre un trozo de mármol (u otra superficie lisa) y lo pelamos con una bolsa de arpillera y la ayuda de un cuchillo. Veremos con asombro que junto con el pelo sale también el cutis o tez.
Procediendo así la flor queda color amarillo crudo, sea cual fuere el pelaje del animal. Don Luis Flores, experto soguero me sugirió que agregue un poco de ceniza al agua para que cuero no diera olor, prueba que realicé obteniendo un muy buen resultado.

Cuando se trate de un cuero seco, la “pelada” se realiza con una paleta de oveja o ceniza, o también con una tablita con el borde cortado en bisel. Y polvo limpiador de vajilla.

PARA ESTAQUEAR EL CUERO VACUNO

Una vez quitado el pelo, debemos estaquear el cuero de igual modo que lo hiciéramos con el del yeguarizo pero de forma más sencilla, ya que unas 14 a 18 estacas en el piso serán suficientes.
Yo uso barras de hierro de construcción de 50 cm. de largo y 13 mm. de diámetro y con un extremo aguzado para clavarlas con facilidad ayudado con una maza.

Pero ¡cuidado con los perros! una forma de estaquear al resguardo de nuestros amigos consiste en atar al cuero por el anca, de pata a pata, a una caña gruesa de 3 m. de largo. Luego lo colgamos alto de una planta con el lazo y una soga larga, dejándolo hasta que se seque casi por completo.

SOBANDO

Retiro el cuero de la estaqueada para cortarlo e tiras del ancho de la sobadora (si se tiene una), o sino de unos 15 cm. de ancho.
Coloco las lonjas en la máquina para darles de 8 a 10 vueltas  hacia cada lado.
El aspecto de la lonja irá cambiando de a poco, ya que repetiré el proceso del sobado en 5 a 10 días esperando que penetre bien la grasa.

A partir de allí, comienza el “castigo del soguero”, que no es ni más ni menos que el de macerar las lonjas.
Ligeramente húmedas, las tuerzo en forma espiralaza y con la flor siempre hacia adentro “maceteo” alternativamente para un lado y para el otro.
La “maceta” se realiza generalmente con madera de quebracho colorado (auque la mía es de maclura y pesa de unos cuatro a cinco kilos)
Trabajo hasta notar que el cuero afloja (unos 15 minutos de tortura) dejando la lonja hasta el día siguiente. Al retomar y comprobar que la muy rebelde ¡se ha vuelto a endurecer! va de vuelta el garrote. Abollo la lonja sin golpes violentos, en forma mesurada, porque de lo contrario se raja la flor arruinando todo el trabajo anterior. Repito este proceso la cantidad de veces que sea necesario.

Recuperado el paisano de semejante fajina, obtengo nada más y  nada menos que un cuero crudo, bien sobado, listo para hacer el elemento que se quiera. Vale la pena tanto esfuerzo porque la mitad del éxito de un buen trabajo corresponde a la preparación de esta materia prima.
Como decía mi abuelo “no le vas a enseñar al gato  a trepar las plantas”
Hasta la vista  paisanos y paisanas.
 
Daniel Gómez
Publicado en el número 2 de la Revista “Arraigo. Arte y Cultura Criolla”, edición mayo-junio del año 1996.

Fotos extraidas de eltrenzador.blogspot.com


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